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viernes, 19 de agosto de 2011

La fotografía de mamá.

Todas y cada una de las personas que los veían juntos en la calle juraban y apostaban que eran mellizos a pesar de su marcada diferencia de edad, se decía que sus sentimientos eran similares sino es que iguales y prueba de ello era que lo que al menor le disgustaba al mayor también. Vivían bajo la sombra del éxito de su padre y la nula interferencia en sus vidas. Vestían de manera distinta, el mayor era muy limpio procurando siempre andar por la calle bien peinado y planchado puesto que eso había visto de sus mayores, organizaba sus tareas y quehaceres, el mejor hijo y ser humano que se podía conocer. El menor era la persona más despreocupada en su ropa, siempre usando sandalias en público y misterioso como sólo él podía ser, iba por la acera a paso rápido pensando cómo hacer desatinar al demás, ese no era ser humano sino cero humano. Dicen los que los conocían que eran genios en potencia y existencia, se murmuraba que eran distintos de los demás de su edad y los viejos confiaban en ellos pese a su corta edad, podían escuchar mas nunca ser escuchados, sabían hablar y nunca gritar, se dice que sus conversaciones eran tan aburridas como un informe presidencial.

Exteriormente eran semejantes, en ideas casi iguales pero en sentimientos no se parecían en nada. Si escuchabas hablar a uno de ellos sin verlo bien lo podías confundir con el otro, sin embargo uno era bondad y el menor no era maldoso pero no estaba ni cerca de ser tan tierno como el mayor. Sus ideales y metas las tenían tan claras como las aguas cristalinas, sus acciones y pretensiones eran tan distintas como los sentidos opuestos pero bien dicen las leyes de la atracción que los polos opuestos siempre se atraen.

El menor de ellos era la fiesta andante, dejó la escuela para dedicarse a su oficio, vivía para el presente y nunca para el futuro y mucho menos del pasado. Decían los maestros que lo conocieron que había sido su decisión haber dejado los estudios y aunque su madre, a la que tanto adoraron, tanto le decía que terminara su escuela él jamás tuvo la intención de seguir escuchando a hombres y mujeres cansados en espíritu hablar de cosas que poco le interesaban y que le parecían ridículamente aburridas.

El mayor era magnífico, recatado como sólo él no decía ni una grosería, sabía situar a cada quien en su lugar y usaba tantas palabras como hojas tiene la Biblia. Se decía de él que bien podría ocupar un cargo público porque parecía ser honesto, tan honesto como un abuelo que le habla a su nieto. Tan sincero como un recibo agua y tan perfecto que bien podía ser equiparado con un santo.

Su niñez fue dura, su padre se alejó de ellos buscando el éxito profesional que tanto había añorado. Ellos sabían que a pesar de su distanciamiento ocupaban un pequeño lugar en los pensamientos de papá pero la que realmente se preocupaba por ellos era su mamá. A temprana edad descubrieron que eran distintos a los otros, que sabían llegar al corazón de los demás siendo recompensados con cosas tan materiales como una prenda de ropa o tan espirituales como una bendición. Destacaban siempre donde iban y renegaban a los reconocimientos que les eran dados, problemáticos por naturaleza e inconformes con su vida decidieron retarse a sí mismos y salir de aquella realidad a la que estaban destinados.

Jóvenes supieron que si bien habían nacido y vivido bajo mucha protección ese no era su destino, sabían que tenían que cambiar de rumbos y hacer lo que nunca nadie más de su entorno había decidido: cambiar todas sus estructuras mentales de una manera tan complicada y quizá ilusoria que a lo único que los orilló fue a ser odiados.

Se dice que tenían un cierto don o quizá la convicción y continuidad suficiente para lograr lo que se planteaban. Como bien dije eran unos rebeldes, prueba de eso fue lo que alguna vez hizo el menor de ellos para demostrarle al otro las fallas del sistema educativo. Renunciando a sus estudios de preparatoria decidió asistir a la abierta para ahorrarse tiempo y dinero pero más que cualquier otra cosa quería enseñarle a los demás que eran unos idiotas al creer que estando encerrados 7 horas en un aula podían aprehender lo que la vida les ofrecía.

Regresando a la vida del mayor él era todo lo que un suegro pedía y si bien era cierto que su madre adoraba a ambos por igual siempre hubo un cariño en especial por el grande puesto que era buen hijo. Era muy elegante en todas sus actividades, devoto de sus creencias asistía a misa todos los domingos y cuando el tiempo se lo permitía a veces entre semana, no sólo eso sino que vivía la palabra de Dios hasta el punto en que se privaba de hacer tantas cosas no por imposición de nadie más sino por gusto ¿Qué tipo de cosas? No tomaban una gota de vino, cuando asistía a fiestas se retiraba temprano y siempre procuró a su hermano menor porque sabía que de no hacerlo podía extraviarse en cualquier mal camino.

El menor siempre fue renuente a todo y a todos, decía que las reglas eran para ser rotas y que poco le importaba el castigo. Siempre retó a las autoridades y llegó a tener muchos problemas por su actitud. Era el mejor amigo que se podía tener y si algo bueno podía hacer era guiar a los demás y sacarle lo mejor de ellos pero nunca de sí mismo.

Tan distintos y tan iguales a la vez sabían y vivían lo mismo, eran la viva representación de la tragicomedia. Conocían sus debilidades y nunca se aprovecharon de eso, reconocían cómo joder a los demás y sólo el menor lo podía hacer. Tan inseparables como San Martín Caballero de su caballo lograron todo lo que quisieron en corto tiempo. Como dirían los argentinos: la rompieron.

Parecía que nunca dejarían de estar juntos hasta que tuvieron la edad suficiente para cada quien ver por sus intereses y formar lo que ellos decían o pensaban era una familia. El mayor siguió con su línea académica y consiguió, tras una seria de pruebas de toda índole, una beca del gobierno para continuar sus estudios en una prestigiosa universidad estadunidense donde acuden los geniecillos de las ciencias. El menor siempre con su desorden decidió seguir su vida de fiesta y placeres a los que nunca antes les había encontrado sentido pero que a partir de los veinte años le parecían tan necesarios como engañar a todas y cada una de sus mujeres.

A pesar de haber sido tan amigos y tan iguales de jóvenes, cada quien vio por su vida. Uno de manera correcta y el otro de manera incorrecta. Se dice que la madre de ellos oraba por el hermano menor tres veces al día con lágrimas en los ojos pidiéndole a todos los santos cambiaran la concepción de vivir de su hijo para que este se hiciera más responsable, cuestión que molestaba al mayor de ellos puesto que desde que el chico había dejado la casa donde los tres vivían se había dicho que el fiestero se tenía que desligar de ellos. Me cuenta un vecino de aquel hogar donde vivía tan peculiar familia que cuando el menor de ellos salió huyendo (en parte y corrido en otra) de su casa gritó a los cuatro vientos que lo único que se llevaba de ahí era la fotografía de mamá.

De la vida del pequeño ya nada se supo, por ahí se decía que se había encontrado a una mujer y que esta se lo había llevado a su casa a vivir en otro estado del país, otros juraban haberlo visto de comerciante en el eje 2 norte de la Ciudad de México, algunos otros dicen que se convirtió en ministro de culto y los más aventureros decían que hasta padre de familia era.

Pasaron ocho años que ni el hermano académico ni su madre lo veían hasta que un glorioso día ambos, a la manera de la Biblia, vieron llegar a su hermano e hijo tan cambiado que decidieron de manera agradable invitarlo a pasar a la que era su anterior casa. El que ya no era tan joven pero sí más que su hermano mayor tomó un baño en aquel lugar donde su hermano y él habían tramado las peores travesuras cuando eran niños, se secó y tomó la ropa que su padre (hermano) le había dicho que usara. Se sentaron los tres a comer una sopa que por cuestiones del destino había sido servida aquel día y era la favorita de ambos: la de letras. Con lágrimas en los ojos ofreció perdón a ambos y decidió contarles lo que había hecho en esos ocho años. De entre todas sus aventuras y desventuras resolvió decirles todo lo que había sufrido en la calle y de paso les confirmó todo lo que se decía de él, todo menos lo de su hijo. Confesó que si estaba ahí era porque su actual pareja era la que lo había convencido de haber ido meses antes, mas ya no vivía con ella. Cerró aquella comida diciendo que de todo lo que había sucedido en su vida sólo conservaba una cosa…y sacándolo lentamente de su cartera se asomó casi intacto el retrato de su madre.

Todo regresó a la normalidad y como era de esperarse el mayor formó una familia y se fue de la casa que lo había visto crecer durante tantos años, la madre feliz y el hermano contento veían como el otro integrante de la familia vivía la plenitud en su nueva familia. Una mujer cariñosa y un nieto hermoso era lo que veía su señora madre, una mujer recta y un sobrino maravilloso era lo que observaba el hermano menor.

Pasaron los mejores años de la vida de esta familia, un nieto al que le consentían todo lo que pedía, un sobrino que era igual a su olvidado abuelo y un puñado de momentos inolvidables que se vieron reducidos a nada cuando su madre enfermó. La enfermedad de su madre era algo que desconocían puesto que en esa familia pasó de todo menos que alguno de ellos cayera en cama por mucho tiempo. Los médicos le habían diagnosticado a aquella señora una enfermedad complicada de tratar pero no imposible. Desolados por la noticia dejaron todo en las manos de
Dios y de la medicina pero esta última nada pudo hacer.

Sufrimiento eterno fue el del par de hermanos que se encontraban solos sin su madre, el menor de los dos regresó a su vida de excesos y poco a poco iba terminando con todas las palabras que su madre le había dejado. Desgarrados por la partida el mayor se refugió en su familia y tenía motivo grande para seguir pero el menor no sabía qué podía ser o hacer de y con su vida sino un caos, uno tan grande como la pérdida de su madre.

Un año había pasado y el tiempo había curado ciertas heridas del alma que había dejado la partida de su mamá, el hermano mayor había conseguido un trabajo de esos que quitan toda la vida pero dejan mucho dinero mientras el hermano menor se había terminado el dinero que su madre había dejado para los dos. Separados sin saber el uno del otro se reencontraron de la manera más rara que cualquier persona se pueda imaginar: En el tianguis que se ponía a la vuelta de la casa de la difunta señora de los domingos.

El menor con una cara de dolor lo primero que hizo al ver a su hermano fue pedirle dinero para costear su adicción al alcohol mientras que el mayor consintió su petición también le dio su nueva dirección y número telefónico por si alguna vez deseaba ir a visitarlo. Al llegar a casa el mayor le contó a su mujer de manera triste cómo es que se había encontrado con su hermano en una situación tan penosa, que le había tenido que dar $100 para una botella de ron barato, la esposa comprendió la acción de su pareja y asintió con la cabeza lo que había hecho. Pasaron quince días para que de nuevo el menor le pidiera dinero al mayor hasta que dicha acción se hizo tan consecutiva que le mayor cortó de tajo la relación de hermandad.

El menor apenado por tantas cosas malas que había hecho decidió ir a la dirección que su hermano le había dado para de nuevo ofrecer perdón y disculpas por todo lo que había hecho. Su fortuna le había cambiado y había conocido a una mujer tan perfecta que no sólo le había pedido que fuera a ver a su hermano sino que ella misma lo acompañaría y ambos pagarían todo el dinero que le debía a su adorado y preciado abure (hermano). Y así se presentaron un 10 de mayo a la casa de su hermano para felicitar a la madre de su sobrino y hablar como lo hacían antes.

Arribaron a la puerta y el que atendió fue el niño, inmediatamente reconoció a su tío y de manera apresurada abrió la puerta para tirarse a sus brazos mientras que su madre le gritaban desde adentro para saber quién había tocado la puerta. Al no escuchar respuesta alguna la madre del niño corrió a la puerta para sorprenderse de ver al hermano de su esposo, de manera inmediata lo invitó a pasar a casa, tomó el teléfono para marcarle a su marido y darle la noticia que su hermano estaba en su hogar con una nueva y buena actitud.

Inmediatamente el hermano mayor tomó uno de sus tres autos para regresar del trabajo a su hogar. El tránsito vehicular era pesado y él desesperado decidió abandonar su automóvil e ir a encontrarse de nuevo con su hermano, una vez que llegó a su casa se abrazaron tan fuerte que ,ahora que la esposa me cuenta, me parece normal que se hayan llegado a lastimar por tan grande emotividad. El mayor invitó a dar un recorrido por toda la casa a su hermano y enseñarle todo lo que tenía gracias a su madre, terminaron el recorrido y el menor con lágrimas en los ojos le dijo a su hermano:

--Bien hermano, he venido a verte y hoy sí no es para pedirte nada. Y por haberme recibido te agradezco la atención. Aquel hermoso carro en el portón de esta mansión prueba lo que tanto anhelabas: es alta tu posición. Esta sala en la que sentados estamos y los cuadros que adornan los muros bien sé que cuestan un dineral. No saques la cartera, no es por dinero por lo que he venido pero dime tú, ¿dónde está el retrato de mamá? Pobre de nuestra madre, ella tanto te quiso y tantos sacrificios hizo para que pudieras estudiar. Ni siquiera delicadeza tienes para poner la foto de mamá, seguro desde el cielo ella te ve y te perdona pero yo que soy tu hermano no te puedo perdonar. Dime ¿Por qué entre tantas alhajas falta la joya más cara: el retrato de mamá?

viernes, 15 de julio de 2011

Robando almas.

Ya sabía lo que era crear y eliminar, ella misma había borrado de su mente y alma a aquellas dos creaciones que tanta fatiga y encanto le habían dado. Cayendo como lo hacen las hojas otoñales se pasaba la vida deambulando por las calles inciertas y mal trazadas de su cabeza, sufriendo como lo hacen aquellas madres que ven partir a sus hijos en búsqueda de una aventura bimestral, llorando como todos alguna vez lo hicimos por capricho, tan feliz como las novias que salen del templo recién casadas, tan angustiada como los que esperan al médico en la sala de espera en el ala de urgencias, tan despreciable como ella creía ser y tan única como exclusivamente podía ser…todo lo anterior era lo que podía sentir en un instante, uno que nunca era eterno sino pasajero y efímero. Cansada de sí decidió dejar por la paz sus creaciones y las letras, escapando del amor de su vida olvidó las plumas y los pensamientos escritos.

Convencida de su situación vital comprendió que por salud debía hacer una vida justo como los demás, ella bien sabía que tenía talento como muy pocos para forzar un éxito social, así lo hizo y así sucedió. Tras algunos meses estancada en un cubículo de tres por dos atendiendo llamadas y analizando productos tan enfermamente ridículos veía crecer su estado de cuenta de manera espectacular, sin embargo moría por dentro por encontrar la perpetuidad y la magnificencia del instante.


Sabiendo que poco a poco se marchitaba como lo hacen las flores artificiales, que lucen siempre iguales por fuera pero sufren por no vivir, decidió escudriñar dentro de sí para ver qué podía hacer para captar la sublimidad de una manera tan objetiva que de ninguna manera ella pudiera intervenir; bien sabía que si lo hacía todas sus circunstancias podían echar a perder lo que hasta ese momento anhelaba.

Cansada de buscar y encontrar excelsos momentos se sentía desesperada por tener una mente que retenía y conmemoraba pocas imágenes. Frustrándose por no poder recordar lo que sabía había visto optó por averiguar cómo retener aquellos momentos que la estaban haciendo vivir una vez más. Así emprendió su viaje a aquel lugar al que no podía regresar y había jurado jamás recordar, la vieja casa donde según los médicos había perdido la cordura.

Aquella casa de la que hablo era un palacio frio, lleno de tantas habitaciones que bien te podías confundir y entrar a otra que no fuera la tuya. Como cualquier otra casa tenía recuerdos que sólo aquellos que la habitaron podrían recordar, pero había un espacio en especial del que tenía pavor: el sótano.

El viejo sótano donde enterraba todos sus recuerdos, el único donde podía encontrar a la única persona que podía enseñarle cómo inmortalizar los momentos. Tomando la perilla con la mano derecha decidió abrir la puerta para respirar un aire denso. Ya dentro de aquel oscuro lugar sintió tantas emociones que inmediatamente decidió salir corriendo. Pensando que no tenía más tiempo decidió reingresar y buscar cuidadosamente aquel artefacto que la podía conectar consigo misma, aquel espejo que le había mostrado hace muchos años la verdadera y única persona que podía comprenderla: ella misma. Sentada en posición de flor de loto se dispuso a encontrar respuestas. Sumergida en un profundo sueño se vio inmersa oníricamente en el lugar donde hacía mucho tiempo no había estado, caminando sobre una alfombra negra sentía cómo luces espontaneas arrancaban su cuerpo parte por parte hasta que desesperada despertó estremecida y agitada no entendiendo qué había querido decir aquel sueño.

Pasaron unos días para que comprendiera el significado del mensaje, en su trabajo no respondía como debía hacerlo, en casa no sabían qué traía. Entendía que no podía regresar a verse a sí misma porque podía ser mortal, pensó quién podría ayudarla a resolver ese acertijo y decidió buscar a una persona que para aquel entonces habitaba un lugar tan lejano los amores imposibles. Tras una serie de intentos contactó a la única persona que sabía poco menos que ella y comenzó con la explicación. Sentados y conectados espiritualmente volaron al mismo espacio que le había mostrado aquel espejo y viendo cómo ella era desgarrada poco a poco por fuertes luces comprendieron que lo que estaban viendo eran múltiples flashazos.

Despertando los dos descubrieron que el mensaje era más claro que los albinos, la única manera que se podía hacer preso a un momento y hacerlo eterno era a través de de una imagen. Un tercer ojo que podía detener el tiempo de una manera tan natural que resultaba horripilante e increíblemente maravilloso el simple hecho de intentar detener el tiempo a través de un artefacto que todo lo podía hacer, desgraciadamente cayó en las manos más propias para hacerlo.


Una cámara fotográfica era lo que necesitaba para encontrar la sublimidad del momento, comenzó de una manera tan fuerte y constante que declaró tener un amante perfecto: la cámara misma. Intentaba captar todos los momentos, pensó que tomar paisajes y ese tipo de cosas no era lo que necesitaba porque su mente sí era capaz de retener aquel tipo de imágenes. Buscando de nuevo la inmortalidad tomó la idea de retratar personas desconocidas, mismas que le podían brindar lo que ella no tenía. Gestos fuertes, disgustos, llantos, felicidad, viveza, alteza…todo eso iba tomando hasta que supo que no era eso lo que necesitaba.


Perdida sin brújula ni mapa decidió seguir recorriendo sus calles y avenidas mentales, dándole vueltas y más vueltas a las manzanas y a los espacios por ella creados se sentó frente a un alto edificio lleno de espejos, decidida a estar dentro de aquel edificio se detuvo justo en el centro del mismo, tomó su cámara y por error oprimió el botón que lanzaba un ente luminoso. Para su poca fortuna la imagen que había tomado era ella misma en distintas posiciones.

No comprendiendo por qué se había tomado a sí misma, intuyó que la clave era ella misma, que no necesitaba de nadie más para encontrarle un nuevo sentido a todo. Probó tomarse de distintas maneras pero el resultado jamás era satisfactorio. Jugó consigo misma sin entender qué sucedía mientras poco a poco se destrozaba al momento de auto-buscarse. Era un choque de ella contra sí misma, era una batalla memorable entre el ego y el alter ego.

De todo su cuerpo fotografiado, parte por parte, fue entendiéndose a través de imágenes. Veía cosas que un espejo no le podía decir, observaba detalles que sólo ella podía entender, cada mancha, cada peca, cada pixel era suyo. Historias se entrelazaban en cada una de las fotografías, unas de odio y otras incomprensibles. Siguió su labor incansable de buscarse y encontrarse a través de su imagen hasta que cansada de todo, una vez más abandonó la simplicidad de la vida para refugiarse en un nuevo mundo, su mundo.

Ya estaba a punto de terminar su cuerpo, juntando cada una de las fotos armó su cuerpo hasta que se dio cuenta que faltaban zonas tan específicas. Zonas a las cuales un par de ojos no llegan, partes tan íntimas y personales que no son fáciles de descubrir. Tomó su cámara y decidió terminarse el peor de los días del año: su cumpleaños. Sabía que ese día se sentiría sola y endeble, aunque estuviera acompañada o en algún lugar público bien sabía lo mal que le iría en ese día.

Llegó el cumpleaños número veintidós y con él la terminación de la obra maestra. Resuelta a terminarse decidió tomar un par de tijeras y cortar toda la parte trasera de su fina blusa, dejó su cámara y sintiendo una inmensa felicidad cayó desmayada al momento de ver el deslumbre del flash. ¿Qué habrá pasado para que hubiere caído en desmayo? Dice la protagonista de esta historia que fue algo parecido a la plena felicidad.

Terminó de pegar la espalda a su nueva obra, la observó y se gustó…por primera vez le había gustado y se había gustado a sí misma. Feliz, contenta, atónita, desmedida, perfecta decidió dar el gran paso que muchos no se han atrevido a dar: SER PARA SÍ Y NUNCA MÁS PARA NO SER...felicidades, es tu primer gran paso.

Parte 2: Prometida para AHI

viernes, 8 de julio de 2011

Poetisa

Sentarse a escribir no es cosa fácil, hay quienes simplemente pueden intentarlo día con día con el común denominador o la excusa de que las ideas no les fluyen, como si se tratara de eso. Hay otro tipo de personas que de plano le tienen miedo al resultado que podría arrojar ese intento por plasmar los sentimientos o las acciones cotidianas. Algunos nacen con el talento natural de encontrar la palabra adecuada para cada gesto y otros como el que narra esta historia encuentran placentero y un excelente medio para no aburrirse el hecho de intentar describir lo que observa.

Es esta la historia de una mujer sola por decisión, una dama que fue aventada a la vida como se avienta la comida por toda la cocina en un ataque de ira, de una lolita en potencia que enamoraba a los adultos no tan mayores, de una jovencita que usaba el dinero de su padre para darse la vida que, sin darse cuenta, merecía. Es el texto de una mujer casada con un fantasma, son las palabras enviadas a un ser que no sólo habita ni vaga por la vida sino que vive la misma. Es el lugar perfecto como para equiparar lo hermoso con las letras…toda ella fanática de Vincent V.G. viajaba de un lugar a otro tratando de encontrar todo lo que deseaba y nunca había podido tenerlo de la manera anhelada: Un par de brazos y con ellos el abrazo que tanto ansiaba.

Hablar de cada una de las maravillosas cosas que hacía es casi imposible, sin embargo, es mi responsabilidad poner ciertos antecedentes para que el lector sepa más o menos cómo era este singular personaje. Como muchos de los habitantes de las grandes ciudades ella provenía de una situación personal complicada, una familia disfuncional, muchos lujos a costa de sufrimiento personal, desordenes patológicos, enamoradiza muy a su estilo, fijada en detalles tan superfluos como los cuellos, pecosa como Alfalfa y tan particular pero tan particular que es tan complejo describirla emocionalmente como no se imaginan.

Ella tenía dotes de escritora desde muy niña, tuvo la fortuna de encontrar su vocación a temprana edad, bien sabía que sus ideas no eran como las de los demás y que sus textos envolvían temas y frases tan difíciles de comprender que muy pocos se atrevían a acercarse a ella; a pesar de que lo tenía todo, su cuerpo fue creciendo y sus ideas se hicieron cada vez más y más complejas. Muchas personas la tachaban de loca y en contadas ocasiones de pendeja, cosa que a ella le causaba risa y no hablo de una risa burlona o déspota sino de felicidad. ¿A quién le causa felicidad que le digan que es pendejo? Así de difícil es esta protagonista.

Intentó por todos los estilos que las letras le permitían: ensayos, cuentos, citas, canciones y poemas. Refugiándose en estos últimos prefirió optar por esa vertiente tan compleja a la que muy pocos corren, sabiendo que en estos podría escribir de manera elegante todo ese pesar que llevaba en su espalda. No tenía aliados al momento de sentarse sino esa larga y característica cabellera que la hace tan especial. Mientras en la calle podría pasar como cualquier estudiante universitaria e ir a tomar tal o cual bebida como todos los demás, pensaba y desarrollaba toda una historia donde ella era la antagonista y nunca la heroína o la salvadora de todo el universo. Ahora que lo pienso si su computadora tuviera sentimientos seguramente tomaría antidepresivos o algo parecido porque cuando ella se sentaba a vomitar todo lo que tenía adentro era una bestia colérica e inconteniblemente hermosa.

Conocía ella a muchas personas. Hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y recién nacidos. Era popular en la vida pero aún así eso no le bastaba, ella bien sabía que había algo que le faltaba. Cansada de una vida llena de excesos juró siempre ser fiel a ella misma y jamás negar todo lo que era. Incomprensible para muchos era tan normal como cualquier otro ser humano, era un cachorrito durmiendo y una dictadora en casa. Tomaba la vida de una manera tan ejemplar que aun ahora, yo que la conozco, me cuesta muchísimo trabajo descifrar sus mensajes y más que eso me causa asombro.

Inalcanzable para los comunes sabía todo lo que tenía materialmente y lo que era intelectual y artísticamente. No era una de esas artistas que por tener una cámara fotográfica profesional o que por dos o tres textos se sintiera hábil en el arte. Tenía una actitud llorona en soledad y de incomprensión personal pero la verdad es que no cualquiera podría manejar ese temperamento tan extraño que ella tenía.

Conoció a muchos hombres que no la hicieron ni mínimamente feliz, uno tras otro se daba cuenta de los detalles y fragilidades de ellos para hacerlos sentir ridículos y endebles. Eso hizo correr al hombre seguro de sí mismo, al exitoso empresario, al galán del edificio, al artista de moda e inclusive al incansable caza fortunas.

Decepcionada de sí misma y de sus circunstancias temía quedarse sola, lo volvió a intentar con una nueva estrategia: Cambiar sus estructuras y ser simplemente como las demás, no funcionó. Desgarrada por dentro, caminaba con aires de grandeza y entereza su tan feliz e infeliz vida. Sabía que no necesitaba de nadie más hasta que llegó el día en que decidió usar el método más ruin e inhumano de todos.

Su vida se fue haciendo distinta, dejó de asistir a la universidad y de contestar llamadas, en raras ocasiones contestaba correos y por órdenes suyas ir a su casa era una tarea inútil porque casualmente nunca estaba para nadie. Sumergida en libros y más libros comenzó a comprender muchas cosas que le parecían tan inalcanzables como la cima de una montaña, era tal su afición por las letras que comenzó a ahogarse en las historias a tal grado que creía ser uno de los personajes, casi siempre el disconforme.

Preocupada por su situación decidió hacer aquello tan inhumano de lo que les hablaba dos párrafos arriba. Crear un personaje que la comprendiera, uno hecho a la medida, uno que la complementara en ideas y que cuando se atascara él le dijera la respuesta, una máquina con una memoria prodigiosa, un no ser humano con un talento nato para hacer eso que la protagonista tanto deseaba: una fundición de cuatro brazos en un sensible abrazo.

Noches pasaron para completar su obra maestra, una historia donde ella mandaba a placer y las nubes eran palabras, donde los demás estaban a su merced. Un universo creado para ella y por ella. Mientras esto hacía, los demás no sabían qué pasaba con ella puesto que estaba cambiando radicalmente su actitud y hasta su manera de vestir. Si bien es cierto tuvo que comprender que necesitaba rehacer su vida diaria mientras caminaba y hacía su vida rutinaria en aquella ciudad (donde casi todo el año llueve), solo podía pensar en su proyecto que concebía todos sus ratos libres.

Sin darse cuenta ya había escrito tres libros sobre su nuevo mundo, era una redacción tan Dantesca que era celestial e infernal lo que podía hacer en un pedazo de hoja. Hizo todo el mundo deseado hasta que sólo le hizo falta aquel personaje que tanto había ansiado. Dejó de lado todo lo demás para crear a conciencia su obra maestra. Lo dibujó, lo borró, lo rehízo, la rompió, se burló de él, lloró por él hasta que por fin encontró la combinación precisa “su combinación perfecta”.

Feliz de la vida y por la vida destinaba cualquier tiempo para estar con su creación, podía platicar y escribir cómodamente en él y sobre él o de cualquier otra cosa. Como era su obra pues ella manejaba las preguntas y las respuestas a placer, los tonos y los gestos, el idioma o hasta el dialecto. Creando neologismos y acentuando las palabras que no necesitaban de uno sentía esa plenitud que pocas personas han llegado a sentir, sabía que su trabajo había sido tal cual lo esperaba.

Pasaron tantas cosas juntos que bien se podrían describir en tantas hojas como las que tiene una enciclopedia, sin embargo ella sabía que tenía una vida real por vivir y que no podía depender de una creación suya ni estar inmersa en ese mundo tan perfecto. Decidió por un tiempo alejarse de lo que quería y afrontó su vida como cualquier otra persona de mundo. Olvidado él en un mundo creado, decidió mudarse de historia y se metió en otras tantas que le parecieron tan evidentes y normales que tras un largo tiempo regresó a las manos de su creadora.

Decepcionada de su vida, ella buscó refugio de nuevo en su historia. Las cosas ya habían cambiado y su personaje había madurado en emociones y forjado un carácter tan distinto al que se le había asignado. Sin embargo tras ver de nuevo a su dueña regresar a su historia decidió aceptar todas y cada unas de las proposiciones que ella pedía.

De nuevo y cambiante en sus emociones pensó que ella debía vivir para ella y no para un personaje, pero ¿Que no era eso lo que siempre había querido? Entonces se le ocurrió la mejor idea de todas: hacer un nuevo personaje donde ella fuera la creada (crearse a sí misma). Sólo de esa manera pudo comprenderse cabalmente, hacerse a sí no era tan fácil como pensaba que sería. Tardó un par de meses en formarse y pensarse tal como quería y aun así, como siempre, no estaba satisfecha.

Con un nuevo personaje en la misma historia hacían las de Adán y Eva en un paraíso tan bizarro que sólo ella podría rehacerlo. La mejor manera de mantener lo que quería era a través de un contexto creado a la medida para que no hubiera ningún problema y así, sólo así estos dos personajes de cuento o de poema se fueron conociendo mejor y mejor hasta que de comprendieron que estaban hechos el uno para el otro porque su creadora así quería que fueran.

Tan buena era su relación que pensaron en hacerse humanos y no sólo quedarse en personajes, cuestión que molestó a su creadora porque era ella la que debía decidir y no los personajes mismos. Eso se estaba volviendo cosa de locos porque en sí todos los pensamientos eran dados por aquella poetisa y no estaba haciendo sino proyectar todo lo que quería para ella. Encontrar a un personaje como el que había creado era una tarea fundamental, tras no encontrarlo en reiteradas ocasiones decidió llorar cinco meses enteros hasta que se secaron todas sus lágrimas, dando muerte así a sus dos creaciones que fueron alcanzadas por un inexplicable y violento rio que surgía de dos grandes perlas flotantes avellanadas (los ojos de la creadora).

No entendiendo qué había pasado y por qué había pasado ella decidió refugiarse en su escritorio y en su cama acompañada de su mascota a la que le había jurado amor eterno. Todavía pasan las noches y Gina sigue sintiendo un par de brazos rodeándola cuando sentada frente a su escritorio se siente vacía o en soledad, quizá serán los brazos de su creación o tal vez es solo su imaginación.

Prometido para: AHI